1er Domingo de Adviento
Renovemos nuestro deseo de Dios
Primera Lectura
Lectura del
libro del profeta Isaías. 63, 16-17. 19; 64, 2-7
Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor; ése es tu nombre
desde siempre. ¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos
y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete, por
amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad. Ojalá rasgaras los cielos
y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.
Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia. Jamás
se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales
cosas en favor de los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica
alegremente la justicia y no pierde de vista tus mandamientos.
Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre
rebeldes. Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso;
todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban,
como el viento.
Nadie invocaba tu nombre nadie se levantaba para refugiarse en ti,
porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas. Sin
embargo, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro y tú el
alfarero; todos somos hechura de tus manos.
Palabra de Dios.
Evangelio
Lectura del
santo Evangelio según san Marcos
13, 33-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén
preparados, porque no saben cuando llegará el momento. Así como un hombre que
se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y
encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a
qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche,
al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y
los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan
alerta”
Palabra del Señor.
Reflexión
Comenzamos este domingo el Adviento que
significa “el que viene, o el que ha de venir”, y con esto la Liturgia nos
quiere ayudar para prepararnos a recibir al que “ha de venir”, es decir a
Cristo Glorificado. Por eso durante este tiempo reflexionaremos primero en la
promesa de la Segunda venida de Cristo, y en un segundo momento meditaremos la
Encarnación de Dios que sucedió hace dos mil años. Veamos pues cómo nos
preparan las lecturas de este domingo.
En la primera lectura escuchamos al
profeta Isaías clamar a Dios, pidiéndole su regreso; dice el profeta:
“Vuélvete, por amor a tus siervos” y más adelante “Señor, tú eres nuestro
padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero”. Con estas palabras vemos como
Isaías reconoce a Dios como el origen del hombre fuente de todo sentido, y clama
su regreso pues sin su presencia el Pueblo ha perdido toda esperanza de
alcanzar su felicidad.
Con esta idea analicemos el Evangelio de
este domingo. En este Evangelio reconocemos dos personajes: el dueño de la casa
y el portero. El dueño, que representa a Dios, ha salido y regresará algún día,
cuando el portero menos lo espere (significado de la noche) y la tarea del
portero es cuidar la casa para que su dueño lo encuentre realizando la obra que
le encomendó. Creo que aquí encontramos dos temas muy interesantes qué meditar:
por un lado la realidad que todos poseemos en nuestro interior un deseo, un
anhelo de Dios (nuestro Padre) que nos hace clamar de muchas maneras “ven
Señor”; y por otro lado, la promesa de Dios de que ciertamente vendrá, pues el
es fiel a su Palabra y algún día regresará a realizar esta unión definitiva de
Dios y el hombre. Por ello Jesús nos pide: “estén alertas”, pues no saben
“cómo” ni “cuándo” vendrá el Señor a colmarlos de su vida y amor.
Actualidad
Me parece muy interesante meditar esta
semana sobre ese deseo de trascendencia y de felicidad que todos poseemos y que
muchas veces tratamos de saciar de maneras muy alejadas a la de Dios. Cuántas
veces caminamos llenos de trabajo, llenos de actividades de diversión y estudio
pero vacíos y faltos de paz interior! ¿De dónde viene ese vacío que todas estas
actividades no pueden llenar? ¿Por qué una nos interesamos más por llenarnos
del reconocimiento de la gente que llenarnos de Aquel que puede saciar nuestra
sed de amor? Vemos también a muchas personas buscando en la naturaleza, en el
yoga, en las suertes, y en muchas otras realidades la satisfacción de ese deseo
interior por trascender, pero creo que se quedan cortas si se limitan a ello.
Hay en todos nosotros un anhelo que clama a nuestro creador, “Vuélvete hacia
nosotros”; meditémoslo bien, pues de eso se trata el adviento de reflexionar
sobre nuestra vocación a vivir en unión perfecta con Dios. Sólo en descansa
plenamente nuestra vida, sólo en él encontramos sosiego, sólo en él encontramos
plenitud de paz, de amor y de gozo.
Recordemos que nosotros solo somos los
porteros de la casa, que el dueño regresará algún día para que le demos cuenta
de nuestro trabajo. ¿Es que hemos llevado una vida desordenada que deseamos
mejor que no venga el dueño de la casa? Hay que estar preparados, pues él
vendrá en cualquier momento.
Propósito
Meditemos esta semana cómo estamos
viviendo ese deseo de encontrarnos con el Señor; reavivemos nuestro compromiso
con “el dueño de la casa”; él esta por venir ¿qué hemos hecho con aquello que
él nos confió? Más aún, ¿estamos preparados para recibirle?
Comencemos nuestro adviento renovando
nuestro deseo de recibir a nuestro Señor, este es el mensaje del Señor para
esta primera semana.
Héctor M.
Pérez V., Pbro.