LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Ciclo "A"

 

EVANGELIO

Dios envió a su Hijo para que le mundo se salvara por él.

Lectura del santo Evangelio según san Juan   3,  16-18

            “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga  la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.

Palabra de Dios.            

 

REFLEXIÓN

EL TEXTO

En la primera lectura escuchamos a Moisés pedirle a Dios que acompañe a su pueblo, que no los abandone a pesar de sus pecados y rebeldías. Podríamos decir que el Evangelio es la respuesta de Dios a esa petición del pueblo de Israel. Dios no sólo acompañó a su pueblo elegido, sino que lo amó tanto que le entregó a su Hijo único.

En este envío del Hijo podemos ver reflejado el inmenso amor que Dios nos tiene. Es un amor incondicional, gratuito, libre, que plenifica a aquel que lo acepta. Dios no quiere condenar a nadie, en su proyecto no existe la condena, ni el rechazo. En Él sólo encontramos el amor, la misericordia y el gozo por vivirse para nosotros. Sin embargo, todo este amor se topa con la fe del hombre. Si el hombre no cree, si decide ignorar este amor, rechazar esta oferta de salvación, entonces, Dios no puede hacer nada por él. Jesús dice así, “el que no cree ya está condenado”, pues habiendo venido Dios a caminar con él, prefirió rechazarlo.

 

¿Qué tiene que ver esto con la fiesta de la Trinidad que celebramos en este día? Pues bien, la fuente de todo este amor a través del cual Dios ha acompañado por todos los siglos a su creación está en la misma Trinidad. La Trinidad que Jesús nos reveló nos muestra que Dios no es un ser solitario, que en él habitan tres personas que son la fuente del amor. Así, celebrar la Trinidad, es celebrar la fuente del amor que nos ha ofrecido no sólo la vida terrena, sino la misma vida eterna que existe en Dios.

 

ACTUALIDAD

En las lecturas reconocemos una dinámica muy peculiar: Dios acompaña a los hombres que ha creado y los ama con todo su amor para que nosotros podamos vivir en plenitud. En esta dinámica nosotros estamos fuertemente involucrados pues el amor necesita una respuesta para ser un verdadero amor. Esta semana nos podría servir para reflexionar sobre nuestra respuesta a ese inmenso amor que Dios ha derramado entre nosotros. Ese amor se ve reflejado en nuestros seres queridos, en los necesitados que piden atención y tiempo, en nuestra misma disposición por responder al amor de Dios. ¿Estaremos dispuestos a formar parte del “círculo del amor” en el que Dios nos ha querido introducir?

 

PROPÓSITO

En esta semana intentemos amar como Dios nos ha amado... sin límites. Así estaremos celebrando con nuestras vidas el amor de Dios trino entre nosotros.

 

Por tu Pueblo,

Para tu Gloria,

Siempre tuyo Señor.

 

Héctor M. Pérez V., Pbro.

padrehector@reflexion.org.mx

 

 

 

Primera Lectura

Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente.

Lectura del libro del Éxodo.               34,       4-6,   8-9.

            En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinai, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor, El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.

            Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: “Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”.

            Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adora, diciendo: “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya”.

Palabra de Dios.      

 

 

Salmo Responsorial               

Daniel 3

Salmista:         Bendito seas, Señor, para siempre.

 

Coro 1. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.

                Bendito sea tu nombre santo y glorioso.

                        R/ Bendito seas, Señor, para siempre.

                       

Coro 2     Bendito seas en el templo santo y glorioso.

                Bendito seas en el trono de tu reino.

                        R/ Bendito seas, Señor, para siempre.

 

Coro 1. Bendito eres tú, Señor, que penetras con tu mirada los abismos

                y te sientas en un trono rodeado de querubines.

                Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.

                        R/ Bendito seas, Señor, para siempre.

                       

Segunda Lectura

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre

y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.

  

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios.   13,     11-13

            Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan  en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.

            Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz.

            Los saludan todos los fieles.

            La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.

Palabra de Dios.   

 

Aclamación antes del Evangelio

                        R.- Aleluya, aleluya.

 

            Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

            Al Dios que es, que era y que vendrá.

 

                        R.- Aleluya, aleluya.

 

 

Oración Colecta

            Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente.

Por nuestro Señor Jesucristo… 

Todos.-  Amén.

 

Oración sobre las Ofrendas

            Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor. 

 

Antífona de la Comunión

            Porque ustedes son hijos de Dios, Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre.

 

Oración después de la Comunión

            Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación del cuerpo y el alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.