Domingo Mundial de Las Misiones (a)
PRIMERA LECTURA
Lectura del
libro del profeta Isaías. 56, 1.
6-7
Esto dice el Señor: "Velen por los derechos de
los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y
mi justicia a punto de manifestarse. A los extranjeros que se han adherido al
Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin
profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré al monte santo y
los llenaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios
serán gratos en mi altar, porque mi casa será casa de oración para todos los
pueblos"
Palabra de Dios.
Reflexión
Esta
sentencia divina que nos comparte el profeta Isaías marca toda una revolución con
respecto a la concepción de pueblo elegido que tenía Israel. El contexto histórico es el regreso del
exilio que vivieron en Babilonia los judíos y todos los problemas con los que
se enfrentaron al regresar: la pobreza, la división, las diferencias con los
extranjeros que se habían asentado en Jerusalén, etc. Ante este panorama,
Isaías proclama la unidad de los pueblos en la fe. Esta unidad debía respetar
el culto, el sábado y la alianza judía.
En
esta profecía podemos ver vislumbrada la universalidad pretendida por Dios para
todos los pueblos ya desde mucho antes que Jesús la proclamara con sus acciones
y palabras. Pero esta universalidad se quedaría como promesa sin cumplir hasta
que Jesús la vive y la promueve, enviando a sus discípulos "por todas la naciones"
para proclamar la buena nueva de la salvación.
EVANGELIO
Lectura del
santo Evangelio según san Mateo. 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a
Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús,
se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo:
"Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y
enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y
sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
EL TEXTO
Este
Evangelio marca el fin del Evangelio según Mateo y el comienzo de la vida de la
Iglesia de Cristo. Aunque siempre se señala el día de Pentecostés como el
comienzo de la Iglesia, no podemos pasar desapercibido este envío que Jesús
hace a sus discípulos, pues constituye uno de los pilares más importantes en
los que la Iglesia se sostiene: el envío misionero. Analicémoslo con atención. El lugar donde
sucede es algo muy significativo, Galilea. Para Mateo había sido muy importante
el cumplimiento de las Escrituras judías, pero ahora deja a un lado Jerusalén y
señala a Galilea, tierra de Jesús, como el lugar desde donde ha de comenzar
esta gran tarea de los seguidores de Jesús. Desde aquí podemos percibir la
universalidad del mensaje de Jesús, y su apertura a otros pueblos y culturas.
Una
vez reconocido, Jesús encomienda la más grande misión que la Iglesia jamás haya
recibido: llevar el testimonio recibido por Jesús del amor de Dios Padre, la
cercanía de Dios Hijo y la fuerza de Dios Espíritu Santo. En otras palabras
Jesús pedía a sus discípulos que hicieran presente el Reino de Dios, y la
manera de introducir este Reino sería a través del bautizo. El bautizo era una
práctica que ya venían realizando algunos judíos y que quería significar el
cambio de vida, la conversión; pero Jesús le añade a este significado la
introducción a la vida de Dios, es decir el inicio en la vida del Espíritu.
Este
mensaje se ha de llevar no sólo al pueblo judío, sino a todas las naciones.
Así, Jesús se revela como salvador universal de toda la humanidad. La semilla
que había sido sembrada en el Pueblo Israelita habría de dar fruto y
convertirse en salvación para toda la humanidad en Cristo Jesús. Y para cumplir
esta colosal misión, Jesús hace una promesa que de muchas maneras ha cumplido: “Yo
estaré con ustedes hasta el fin del mundo”. De mil maneras hemos visto a Jesús
actuar en estos dos mil años de evangelización. En el envío del Espíritu Santo,
en su presencia cada vez que se lee el Evangelio, a través de los sacramentos,
donde se actualiza su presencia salvadora. Así, Jesús no nos deja solos, sino
que nos sigue acompañando para cumplir con esta misión que constituye a la
Iglesia: dar testimonio de Jesucristo e instaurar su Reino en toda la Tierra.
ACTUALIDAD
Hoy
celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, y la Palabra de Dios nos invita
a reflexionar sobre esta tarea tan importante para toda la Iglesia. Tan
importante es, que si no cumplimos con esta tarea de evangelización no somos
Iglesia. Nadie puede recibir a Jesús y no dar testimonio del amor recibido por
él, de la salvación que nos ha conseguido gratuitamente. Tal como lo dice san
Pablo, "hay de mi si no evangelizara".
Ahora
esta evangelización la debemos llevar sin prejuicios, hasta el último rincón de
la Tierra. Podemos comenzar con nuestra pequeño "mundo" que nos
rodea. ¿Cómo estoy dando testimonio de Jesús en mi casa, con mis amigos, en mi
trabajo? ¿O no me incomoda solapar otros anti-valores
que se viven en el mundo que me rodea? ¡Peor aún, me da pena dar testimonio del
amor y de los valores que Jesús me ha enseñado!
No olvidemos que este mandato de evangelizar no es una opción, es algo
que nos constituye como cristianos, seguidores de Cristo.
PROPÓSITO
Este
domingo oremos por las vocaciones misioneras, ayudemos con lo que podamos a
sostenerlas y hagamos un examen de conciencia sobre nuestra propia vocación
misionera.
Por
tu pueblo,
Para
tu gloria,
Siempre
tuyo Señor.
Héctor M. Pérez
V., Pbro.
padrehector@reflexion.org.mx