XI  DOMINGO ORDINARIO (a)

 

Primera Lectura

Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada.

Lectura del libro del Éxodo.    19, 2-6.

                En aquellos días, el pueblo de Israel salió de Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al monte para hablar con Dios. El Señor lo llamó desde el monte y le dijo: “Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: ‘Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada’”.

Palabra de Dios.      

 

Reflexión

En la primera lectura podemos escuchar a Dios “tomar posesión” de su Pueblo: “serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada”. Dios quiere con esto tomar un pequeño pueblo como muestra de lo que está dispuesto a hacer con todo el mundo; pues todos le pertenecemos.  La elección de Israel no fue por que este fuera más poderoso o fuerte, ni por que fuera más inteligente o numeroso, sino por que era débil y se encontraba perseguido por los Egipcios.  Así Dios da testimonio que él se preocupa por su pueblo, él no puede ver a su creación sufrir y permanecer indiferente.

Para demostrar esto, Dios elige hombres que lleven este mensaje de esperanza: “ustedes son de mi propiedad, yo los cuidaré”. Por eso le pide a Moisés, para que vaya y dé testimonio de esta presencia “salvífica” de Dios.  Veamos en el Evangelio lo que Jesús hace al ver ha tanta gente desamparada, como ovejas sin pastor.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.     9,  36-10, 8.

                En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastores. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

         Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

                A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.

Palabra del Señor.              

Reflexión

El Texto

Llama la atención la motivación de Jesús para enviar a sus discípulos a llevar la Buena Nueva del Reino: “al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastores”. Como podemos ver, es el amor por el pueblo lo que motiva a Jesús a enviar a sus discípulos y no sólo el que se conociera más de él.  Es decir, los discípulos no salieron en campaña proselitista a anunciar que Jesús era el Mesías y que estaba entre ellos; sino más bien salen a llevar la Buena Nueva con la cual querían hacer patente que Dios no los había abandonado, que su amor estaba con ellos y que ya estaba cerca el Reino de Dios, que le daría sentido a todo su sufrimiento. Los discípulos no buscaban acrecentar el número de allegados, sino dar testimonio de que Dios se compadecía de su sufrimiento y que buscaba aliviarlo.

 

Así, podemos ver en esta acción de Jesús una íntima continuidad con la acción de Dios en el AT. Si Dios en el AT se había mostrado como un Dios providente y protector, que se compadecía por el sufrimiento de su pueblo y que enviaba a mensajeros que llevaran un mensaje de consuelo y esperanza; pues de la misma manera Jesús, al ver a su pueblo desamparado y sin pastores envía a sus discípulos a llevar la Buena Nueva de la presencia de Dios entre ellos. Es el amor de Dios por su Pueblo el que mueve a Cristo a realizar esta acción.

Actualidad

Ya que no es un ideología lo que hemos de trasmitir sino un testimonio del amor de Dios, hemos de aprender el método que Jesús les enseña a sus discípulos: Primero es la oración, pues ¿cómo queremos dar testimonio del amor de Dios si no hemos experimentado en nosotros esa mirada amorosa y tierna que todo lo cura? Segundo es el envío; este envío no quiere decir que a unos envía y a otros no, sino que significa que no vamos llevando un mensaje propio sino el mensaje de quien nos envió. De no actuar como enviados sería como si una paloma mensajera se arrancara volando sin el mensaje que habría de llevar. Tercero la acción transformadora; parecería que nosotros nos podríamos zafar de este mensaje por que pensamos que no podemos hacer los milagros que viene aquí descritos, pero en realidad estos milagros tienen un mensaje profundo del cual todos podemos participar: sanar al leproso significaría aceptar a los excluidos (por que los leprosos no podían entrar en las ciudades); resucitar a los muertos  (es dar vida a todos los que caminan como “sombis”, dormidos por el placer, el egoísmo, la envidia, etc. un sentido de vida más profundo y real);  expulsar los demonios se compararía con intentar transformar todas las estructuras que nos rodean que no nos permiten vivir como hermanos y vivir plenamente humanos.

 

Propósito

Esta semana podríamos esforzarnos por implementar este método que Jesús nos propone: hacer oración, abrir los ojos para ver las necesidades de los que me rodean y decidirnos a hacer algo que pueda transformar el mundo que me rodea.  No estoy hablando de grandes cosas, simplemente dar un perdón que no había dado, hablar con quien tengo pendiente hacerlo, visitar a un enfermo, tomar en cuenta a quien nunca es tomado en cuenta, etc.

 

Héctor M. Pérez V., Pbro.

hmpv@infosel.net.mx

www.reflexion.org.mx

 

 

Resto de las lecturas

Salmo Responsorial               

Del salmo 99

Salmista:         El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

 

Coro 1.    Alabemos a Dios todos los hombres,

                        sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.

                        R/El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

 

Coro 2             Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo

                        y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.

                        R/El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

 

Coro 1.    Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,

                        porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.

                        R/ El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

 

 

Segunda Lectura

Si la muerte de Cristo nos reconcilió con Dios, mucho más nos reconciliará su vida.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos.   5,  6-11.

 

            Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

            Con mayor razón, ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.  

Palabra de Dios.   

 

Aclamación antes del Evangelio

                        R.- Aleluya, aleluya.

            El Reino de Dios está cerca, dice el Señor,

            arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

                        R.- Aleluya, aleluya.