X  DOMINGO ORDINARIO

Ciclo a

 

 

Dios busca al Hombre, no a sus ritos

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Oseas.    6, 3-6

                Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra.

                “¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá?

Tu amor es como nube mañanera, como rocío matinal que se evapora. Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimientos de Dios, más que holocaustos”.

Palabra de Dios.     

 

Reflexión

El profeta Oseas vive hacia el siglo VIII a.C. durante un tiempo de gran prosperidad económica para su pueblo, pero también un tiempo lleno de corrupción, injusticias y traiciones políticas. Militarmente estaban siendo amenazados por Asiria y en lugar de recurrir a Yahvé y pedir su protección, habían buscado alianzas que los protegieran; este último hecho era visto como una infidelidad hacia Yahvé, pues significaba (en aquel entonces) que aceptabas que había otros dioses más poderosos que Yahvé.

Para comprender con más amplitud el mensaje de Oseas habría que ver el inicio de su libro y el final.  En el inicio Oseas narra su experiencia matrimonial, donde su mujer le fue infiel y se fue con otros; con este testimonio, dice que lo mismo ha hecho Israel con su Señor, abandonándolo por otros amores. Después de narrar los oráculos con Israel, parte de los cuales escuchamos hoy, Oseas termina su libro con estas palabras por parte de Dios: “Yo sanaré su infidelidad y los amaré gratuitamente”.

Con este fondo histórico del libro, podemos ver que el reclamo de Dios contra Efraín y Judá es por su poca profundidad o seriedad en su respuesta al Señor. Es decir, ellos podrán ofrecer todos los sacrificios que marca la Ley, pero si no comprometen su corazón, si no están dispuestos a vivir según su creencia, de nada le sirven a Dios. Yahvé quiere el corazón del hombre, no sus sacrificios. Escuchemos el Evangelio para ver cómo Jesús actualiza este mensaje.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.      9,  9-13

                En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.

                Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Palabra del Señor.          

REFLEXIÓN

EL TEXTO

Para los judíos, comer con alguien era compartir una comunión de vida, es decir compartir sus creencias y manera de vivir; por lo tanto, a los practicantes más asiduos del judaísmo comer con publicanos y pecadores era aceptar que su vida era correcta, además de que esto te hacía impuro ante Dios. Por eso, se sorprenden tanto ante la práctica de Jesús. ¿Cómo era posible que éste que decía tener una relación estrecha con Dios pudiera estar conviviendo y comiendo con ellos?

Jesús ha comprendido plenamente la Palabra de Dios en el AT (para ellos no era el Antiguo, era el único Testamento), cuando ésta decía “yo quiero misericordia y no sacrificios”. Es decir, para Dios era más importante el hombre que los ritos. El proyecto de Dios es el proyecto del hombre en plenitud, y si existen ritos, son para acercar al hombre a Dios, ¡pero no para alejarlo o provocar divisiones! Por eso Jesús no teme acercarse a quienes no llevaban una vida ritualmente muy recta. Él sabe lo importante que es que todo hombre comprenda el infinito amor que Dios le tiene, y  no está dispuesto a permitir que unos ritos externos lo separen de los hombres, a quienes ha venido a salvar. Por eso Jesús llama a Mateo, que era un judío traicionero que colaboraba cobrando impuestos a los judíos para los romanos; por que Jesús sabía que Él también era objeto de la Misericordia y del Amor divino y por lo tanto capaz de responder a este Amor.

Por lo tanto, así como en la primera lectura escuchamos a Dios pidiéndoles a los judíos su corazón más que su ritos, en el Evangelio Jesús sitúa por encima de los ritos al hombre mismo. Es al hombre a quien Dios ama, no los ritos.

 

ACTUALIDAD

Creo que hoy en día este mensaje es de gran importancia para nuestra sociedad; pues estamos enfrascados en muchos ritualismos (y no sólo hablo de lo religioso), y nos hemos olvidado de lo más importante: el ser humano. Hemos aceptado poner a la producción por encima del hombre, a la eficiencia por encima de las familias; a la moda, la música, el placer, la libertad individual (mal entendida), la sensualidad, las leyes, inclusive los ritos religiosos por encima del hombre. Ahora resulta que no importa que gente se muera de hambre, o se quede sin un sustento estable con tal de producir más; tampoco que familias enteras pierdan su unidad y convivencia por que se tiene que trabajar los siete días, las 24 horas del día porque la producción lo exige; o que se puede ir a misa y no amar a quien lo necesita (económicamente, afectivamente, etc.). ¡Misericordia quiero y no sacrificios nos dice hoy Dios!  

 

PROPÓSITO

Esforcémonos esta semana por vivir con un poco más de profundidad nuestros actos y pensar bien si no me estoy justificando en la rutina diaria para no ayudar a otros que lo necesitan.  Tal vez no tienes que hacer mucho, simplemente: no prender la tele llegando a casa y ponerte a “escuchar” a tu esposa o padres que tanto lo necesitan; bajar el vidrio y preguntarle el nombre al chiquillo que vez todos los días en la calle y darle algo de comer; perdonar a quien no has podido perdonar, etc. De esta manera tu asistencia a misa o a cualquier otro acto litúrgico se convertirá no en una justificación para no tener que preocuparte por los demás, sino en “alimento” espiritual que te ayudará a servir y vivir cada día con más plenitud.

 

Por tu Pueblo,

Para tu gloria,

Siempre tuyo Señor.

 

Héctor M. Pérez V., Pbro.

padrehector@reflexion.org.mx

www.reflexion.org.mx

 

 

Resto de las lecturas

 

Salmo Responsorial               

Del salmo 49

Salmista:         Dios salva al que cumple su voluntad.

 

Coro 1.    Habla el Dios de los dioses, el Señor,

                        y convoca a cuantos moran en la tierra del oriente al poniente:

                        “No voy a reclamarte sacrificios,  pues ante mí están siempre tus ofrendas

                        R/Dios salva al que cumple su voluntad.

 

Coro 2             Si yo estuviera hambriento,  nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío.

                        ¿O acaso yo como carne de toros y bebo sangre de cabritos?

                        R/ Dios salva al que cumple su voluntad.

 

Coro 1.    Mejor ofrece a Dios tu gratitud y cumple tus promesas al Altísimo,

                        pues yo te libraré cuando me invoques y tú me darás gloria, agradecido”.

                        R/ Dios salva al que cumple su voluntad.

 

Segunda Lectura

Su fe se robusteció y dio con ello gloria a Dios.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los romanos.    4,  18-25

 

            Hermanos: Abraham, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a los que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia.

            Y su fe no se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además, Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fé se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.

            Ahora bien, no sólo por él está escrito que “se le acreditó”, sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Esta es palabra de Dios.   

 

Aclamación antes del Evangelio

                        R.- Aleluya, aleluya.

            El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva

            y proclamar la liberación a los cautivos.

                        R.- Aleluya, aleluya.