IV  Domingo Ordinario  (a)

 

 

Primera lectura del profeta Sofonías 2,3; 3,12-13

Buscad a Yahveh, vosotros todos, humildes de la tierra, que cumplís sus normas; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá encontréis cobijo el Día de la cólera de Yahveh. Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, y en el nombre de Yahveh se cobijará el Resto de Israel. No cometerán más injusticia, no dirán mentiras, y no más se encontrará en su boca lengua embustera. Se apacentarán y reposarán, sin que nadie los turbe. Palabra de Dios.

 

Reflexión

El contexto histórico desde el que Sofonías nos escribe estas palabras nos ayudará mucho a comprenderlas: El escribe a finales del siglo VIII y el culto israelita se ha viciado por los cultos paganos de los pueblos vecinos. La fidelidad a la alianza se ha trasgiversado y el pueblo parece caminar ignorando o prescindiendo de Dios. Aunque si realizan los actos de culto, parece ser que son ellos quien le dicen a Dios que hacer y cerrando su corazón a lo que Dios les tenía que decir.

 

Esta situación es criticada por Sofonías y anunciará el “día de Yahvé”, el cual sería un día en el que Dios bajaría para hacer justicia y haría perecer a todos aquellos que se habían alejado de Él. Pero junto con este anuncio de amenaza, Sofonías presenta las actitudes que habría de tener el que quisiera salvarse: humildad, justicia, pobreza, confianza en Yahvé, vivir en la verdad. Aquellos que vivieran estas actitudes serían felices, bienaventurados y nadie les quitaría su paz.

 

En el Evangelio escucharemos a Jesús proclamar nuevamente estas actitudes y estos valores como imprescindibles para la acogida del Reino de Dios. Pasemos pues a escuchar el Evangelio.

 

 

Evangelio según san Mateo 5,1-12a

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.

Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos

Palabra de Dios

 

Reflexión

El Texto

Este discurso de las bienaventuranzas lo encontramos dos veces en los Evangelios, una vez narrado por Mateo y otra por Lucas; existen algunas diferencias entre ambas narraciones que modifican un poco la lectura del mensaje, pero el “corazón” de éste es el mismo: manifiesta la profunda alegría de Jesús por la irrupción del  Reino de su Padre que acoge a todos aquellos que eran excluidos por la sociedad y los proclama “dichosos” y herederos de este Reino. Es decir las bienaventuranzas son un rotundo NO a la infelicidad, la exclusión, y la injusticia, y un profundo SI a quienes con sencillez se reconocen necesitados de Dios y abiertos a su Espíritu para vivir en plenitud.

 

Mateo sitúa el discurso desde una montaña, y tomando en cuenta que Mateo enlaza muchas veces las figuras del AT con las del NT, podríamos ver en esta figura la misma figura de la montaña en la que Moisés recibe los mandamientos de la Alianza (los diez mandamientos). Así, podríamos decir que para Mateo las bienaventuranzas son los principios básicos de la Nueva Alianza desde los cuales se han de regir todas las relaciones, tanto Dios - hombre, como entre los hombres. Mateo quiere proponer con esto que las bienaventuranzas muestran las nuevas actitudes que el cristiano ha de asumir: pobreza de espíritu, mansedumbre, sed de justicia, misericordia, limpieza de corazón, ser hombres de paz. Es decir, quien esté dispuesto a vivir según este nuevo reinado de Dios, no puede limitar su participación a unos cuantos actos rituales (como lo marcaban muchas veces los cánones judíos de aquel tiempo) o por una marca como la circuncisión, ésta participación habrá de iniciarse por cambio de vida, buscando a Dios no en los ritos sino en TODA su vida, es una apertura radical al Amor dejándolo que afecte todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Actualidad

Jesús nos plantea hoy una manera muy distinta para seguirlo que la que estamos acostumbrados. Él nos llama a sentirnos felices, bienaventurados, pertenecientes al Reino de los cielos, no por que cumplimos un cierto rito o cumplimos con “Diez mandamientos”; Él no quiere que pongamos nuestra seguridad en los elementos terrenos como lo hicieron los israelitas de la primera lectura, que sintiéndose muy seguros de sus rituales, manipulaban a Dios según su querer y no les importaba la injusticia y la violencia contra el más débil con tal de que cumplieran con sus rituales. Jesús nos invita a ser felices por que somos profundamente amados por su Padre, así seamos pobres, o perseguidos, tengamos hambre de justicia o padezcamos algún sufrimiento; no importa nuestra condición somos Hijos Amados del Padre y nuestro reino es el Reino de los Cielos si nos reconocemos necesitados de Él y abrimos nuestros corazones a su Amor.

 

Este tema de las bienaventuranzas nos propone meditar sobre la relación entre nuestra vivencia cristiana y nuestra felicidad terrena. Jesús no habla de una felicidad que se realizará sólo en los cielos; si leemos con atención la primera y la última bienaventuranza nos dicen: “por que de ellos ES (presente) el Reino de los Cielos”. Es decir quien sea pobre de espíritu y quien sea perseguido por causa de la justicia ya es desde hoy feliz. Por eso podemos decir que como cristianos estamos llamados a vivir en la verdadera felicidad, la felicidad que sólo un corazón confiado en Dios puede tener. Esto no quiere decir que no hagamos nada, ni que pongamos nuestros ojos en el cielo y digamos que sólo con mirar al cielo seremos felices. Un hombre confiado en Dios es un hombre que pone todo su esfuerzo, trabaja al máximo para que las cosas salgan como uno cree que deben salir, pero que confía sus resultados finales al Señor. ¡Qué difícil es vivir esta actitud de confianza, de pobreza de espíritu, hoy en día en que la eficiencia del mercado a penetrado a realidades personales y sociales! Hoy Jesús nos proclama felices, bienaventurados, si estamos dispuestos a aceptar la precariedad de nuestra condición humana, la limitación de nuestros esfuerzos en nuestra lucha por una justicia y felicidad absoluta, y junto a esto estamos también dispuestos a proclamar el Reinado de Dios en nuestras vidas; somos nosotros quienes sembramos pero él quien hace que el fruto se dé.

 

Héctor M. Pérez V., Pbro.

hmpv@infosel.net.mx

www.reflexion.org.mx

 

 

Resto de las lecturas

 

Salmo Responsorial               

del Salmo 145

Salmista:                 Dichosos los pobres de espíritu,

                                   porque de ellos es el Reino de los cielos.

 

Coro 1.-     El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;

                  él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.

                        R/   Dichosos los pobres de espíritu,

                         porque de ellos es el Reino de los cielos.

Coro 2.                   Abre el Señor los ojos a los ciegos y alivia al agobiado.

                   Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.

                        R/   Dichosos los pobres de espíritu,

                                 porque de ellos es el Reino de los cielos.

Coro 1.-     A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.

                   Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.

                        R/   Dichosos los pobres de espíritu,

                                 porque de ellos es el Reino de los cielos.

 

Segunda Lectura

 

Dios ha elegido a los débiles del mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios.      1,  26-31.

 

            Hermanos: Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.

            En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.      

Esta es palabra de Dios.              

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.    

                   Alégrense y salten de contento,

                   porque su premio será grande en los cielos.

Aleluya, aleluya.