II DOMINGO ORDINARIO
Ciclo A
EVANGELIO
Este
es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.
Lectura del santo Evangelio según san
Juan. 1, 29-34
En
aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él y exclamó: “Este
es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien
yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya
existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
Entonces
Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de
paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar
con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo,
ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy
testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
EL TEXTO
El texto de san Juan quiere expresar en boca de Juan el Bautista la fe que los primeros cristianos tenían en Jesús. Para ellos Jesús era: el Cordero de Dios; el Salvador que quita el pecado no sólo de Israel sino del mundo; el Cristo o el ungido por el Espíritu Santo; finalmente Jesús era el Hijo de Dios. Él es el siervo al que refería Isaías en la primera lectura en quien Dios manifestaría su gloria, en quien reuniría a su pueblo y a quien haría luz de las naciones.
Todos estos títulos que escuchamos hoy sobre Jesús
no son “títulos nobiliarios” o “frases poéticas” sobre la persona de Jesús.
Estos títulos son una descripción de la persona y la vida de Jesús. Son su
biografía y su legado a todos aquellos que quisieran seguirlo. La comunidad
cristiana de los primeros decenios sabía que no creía en “un caudillo” más,
sino en el mismo Hijo de Dios, el ungido por el Espíritu que había hecho real
la salvación para todos los pueblos de la tierra.
ACTUALIDAD
¿En quién creemos hoy nosotros? ¿Cómo
describiríamos en nuestros días a Jesús? ¿Pasaría Jesús a ser sólo un “buen
consejero espiritual”? ¿Un hermano incómodo que sólo nos está juzgando por lo
que hacemos mal? ¿Podríamos decir que sólo es “un iluminado” que nos trajo luz
sobre nuestra manera de convivir como humanos? ¿Será el cristianismo sólo un
“tranquilizador de conciencias” o peor
aún el opio que adormece al pueblo con sus ritos y sus rezos como algunos lo
han pretendido describir?
Hoy es una exigencia del cristiano tener esta
experiencia de la que nos habla Juan el Bautista: “¡yo lo vi y doy testimonio
de que éste es el Hijo de Dios!”
Tal vez quien se acerque a Jesús como historiador o como un curioso lector de la Biblia pueda confundir a Jesús con un hombre más entre nosotros. Pero quienes nos hemos acercado con fe a Jesús sabemos que él existió antes que todos nosotros, que él es la Luz de las naciones, el Siervo de Dios que ha sido enviado a salvarnos de nuestra incapacidad de alcanzar a Dios, de reconocerlo en el hermano de amarnos incondicionalmente. Necesitamos creer en Jesús y creerle a Jesús. El es el verdadero Camino, Verdad y Vida. ¡Cuántos caminos se nos están proponiendo hoy! El menor esfuerzo, el placer egoísta, la mordida “necesaria”, la verdad “a medias”, el compromiso con Dios “cuando uno lo siente necesario”, la separación “dialogada”, la sexualidad en las películas y las novelas como algo normal, el aborto “legal”, etc. ¿Serán estos los caminos de Cristo, los caminos que hablen la verdad y promuevan la vida? ¿Será esta la manera de dar testimonio de nuestra fe en Jesús como nuestro salvador, como el Codero de Dios encarnado, el ungido del Espíritu y el Hijo de Dios?
Estamos en la semana de la unidad de los cristianos
y el día 24 de enero viviremos la jornada de oración por la paz del mundo.
Unámonos al Papa y a todos los líderes religiosos del mundo que se reunirán
este 24 de Enero en Asís para orar por la paz. Orar a Jesús por la paz y buscar
la paz en nuestro entorno familiar son excelentes testimonios de nuestra fe y
nuestra esperanza en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios.
Por
tu pueblo,
Para
tu gloria,
Siempre
tuyo Señor.
Héctor M. Pérez V., Pbro.
Primera
Lectura
Te hago luz de las naciones
para que todos vean mi salvación
Lectura del libro del profeta Isaías 49,
3. 5-6
El
Señor: me dijo:
“Tú
eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria”.
Ahora
habla el Señor, el que me formó desde el seno materno,
para
que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a él
y
congregar a Israel en torno suyo
-tanto
así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-.
Ahora,
pues, dice el Señor:
“Es
poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y
reunir a los sobrevivientes de Israel;
te
voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue
hasta
los últimos rincones de la tierra”.
Palabra
de Dios.
Salmo Responsorial
del Salmo 39
Salmista:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Coro
1.- Esperé en el Señor con gran confianza,
él
se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
El
me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.
R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Coro
2. Sacrificios y ofrendas no quisiste,
abriste,
en cambio, mis oídos a tu voz.
No
exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: “Aquí estoy”.
R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Coro
1.- En tus libros se me ordena hacer tu voluntad;
esto
es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Coro
2. He anunciado tu justicia en la gran
asamblea;
no
he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
R/
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Segunda Lectura
La gracia y la paz de parte
de Dios Padre y de Cristo Jesús.
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios. 1,
1-3.
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por
voluntad de Dios, y Sóstenes, mi colaborador, saludamos a la
comunidad cristiana que está en Corintio. A todos ustedes, a quienes Dios
santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo, así como a todos aquellos
que en cualquier lugar invocan el nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro y Señor
de ellos, les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de
Cristo Jesús, el Señor.
Esta
es palabra de Dios.
Aclamación
antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Aquel
que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.
A todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser
hijos de Dios.
Aleluya,
aleluya.
Oración
Colecta
Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos
y la tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días
de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo…
Oración
sobre las Ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía,
porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva
a cabo la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona
de la Comunión
Para mí, Señor, has preparado la mesa y
has llenado la copa hasta los bordes.
Oración
sobre las Ofrendas
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que,
alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo
amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.