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¿PORQUE TENGO QUE ASISTIR A MISA CADA DOMINGO?Asistir a misa cada domingo es un mandamiento de la Iglesia; pero si realmente vas a asistir porque te sientes obligado, yo creo que no tienes ni la menor idea de lo que es la Eucaristía. Por eso he escrito estas líneas que siguen, para que conociendo mejor, puedas responder mejor al infinito amor que Dios ha dejado para ti en la Eucaristía. Te invito a leer las siguientes preguntas y respuestas en las que intentaré ser claro y breve para poder ayudarte mejor. Si tienes alguna pregunta, no dudes en hacerla por correo electrónico. Gracias. padrehector@prodigy.net.mx |
La
Eucaristía es el memorial de la última cena y del sacrificio de Jesús en la
Cruz, a través del cual Jesús quiso quedarse real y verdaderamente entre
nosotros. Es el gesto más grande de amor que Dios pudo dejarnos; y también es
la manera más perfecta que nosotros los cristianos tenemos para darle gracias
por el inmenso amor que nos tiene. Intentaré explicar esto brevemente.
Un memorial
Cuando
nosotros celebramos la misa estamos recordando lo que Jesús hizo con sus
discípulos en la última cena (Mt 26,20-35; Mc 14, 17-25; Lc 22, 14-38), pero no
sólo es un recuerdo de algo que sucedió hace muchísimos años, también hacemos
presente “la gracia” que Jesús les dio a sus discípulos en aquel entonces. Por
eso le llamamos “memorial” y no simplemente recuerdo; porque un memorial, hace
presente hoy los efectos de las acciones del pasado.
Me explico, al leer su palabra en las lecturas, no
sólo recordamos lo que Él dijo, sino que Dios nos lo dice a nosotros hoy;
además, cuando el sacerdote menciona las palabras de Jesús en la última cena
con sus discípulos, no sólo recuerda la cena y su crucifixión, sino que hace
presente a Cristo mismo que se entregó por nosotros; por eso creemos que la
hostia y el vino, son verdadera y realmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo,
pues no es el sacerdote el que las convierte sino Cristo que en la persona del
sacerdote se hace presente una vez más para estar con nosotros. ¡Vaya
oportunidad para estar cerca de Jesús!
Y por último, cuando nosotros nos acercamos a comulgar, no sólo recordamos que Cristo
quiso venir a estar entre nosotros, sino que entramos en una verdadera y real
comunión con Él. Comulgar es por lo tanto la manera más real y verdadera de
unirnos con Dios, es el culmen de nuestra búsqueda de Dios. En ese momento nos
encontramos con él, no sólo en nuestro pensamiento, ni tampoco sólo en nuestra
imaginación, Dios está verdadera y realmente con nosotros, en nuestro interior
para purificarnos y llevarnos a la plenitud que todos buscamos.
El símbolo más grande del amor de Dios
Cuando
Dios nos creó no se desentendió de nosotros, sino que durante toda nuestra
historia, se ha preocupado por guiarnos hacia nuestra felicidad. Esta presencia
de Dios que nos acompaña, tuvo su expresión más grande en la Encarnación de su
Hijo. En Jesús nosotros podemos tener la certeza de que Dios está con nosotros;
toda su persona es como un gran grito que nos dice: “Aquí estoy, no están
solos!”. Pues esta presencia no sólo es espiritual, sino que a través de la
Eucaristía se hace real y verdadera entre nosotros. Sí, el amor de Dios por los
hombres ha sido tan grande que decidió quedarse entre nosotros a través de este
sacramento. En él, nosotros podemos experimentar su presencia y su compañía.
Así es que Dios no sólo nos amó tanto como para encarnarse, morir y resucitar
por nosotros, sino que además se ha quedado entre nosotros a través de la
Eucaristía.
Después
de verlo así, ¿valdrá la pregunta: cada cuando lo tengo que ir a ver? ¡¿A poco
tengo que ir cada domingo?!
Una acción de gracias del hombre
Si
creemos que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, entonces en la Eucaristía
todos nosotros estamos representados ante Dios por medio de Jesucristo; por lo
tanto no podrá existir ofrenda más agradable a Dios Padre que su mismo Hijo.
Así, la Eucaristía es la acción de gracias más grande del hombre a Dios, es la
ofrenda perfecta. Claro que si nosotros no nos unimos a la vida de Cristo, pues
entonces nuestra participación en esa acción de gracias no será plena. Por este
motivo, es importante que la Eucaristía de los domingos sea el momento en el
que nosotros le entregamos a Dios todo lo que hemos hecho esa semana, todos
nuestros esfuerzos y también nuestras debilidades, pues Cristo la toma y las
eleva a su Padre a través del memorial de la cena pascual.
Dice el Catecismo sobre este tema: “La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al
Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios
por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la
redención y la santificación. "Eucaristía" significa, ante todo,
acción de gracias” n.1360.
Por todas
estas razones los obispos no dudaron en decir que “La Eucaristía es fuente y cima de toda
la vida cristiana” (LG 11), pues en ella encontramos todas nuestras fuerzas
para creer en Jesucristo y seguirlo fielmente, además que vemos realizados
todos nuestros anhelos de vivir en comunión con Él.
–Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Esta palabra recuerda las bendiciones judías que proclaman una acción de gracias a Dios -sobre todo durante la comida- por las obras que ha realizado: la creación, la redención y la santificación.
–Fracción
del pan porque este rito de partir el pan, propio del banquete
judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan (cf Mt
14,19; 15,36; Mc 8,6.19), sobre todo en la última Cena (cf Mt 26,26; 1 Co
11,24). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección
(Lc 24,13-35), y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus
asambleas eucarísticas (cf Hch 2,42.46; 20,7.11).
–Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.
Porque las palabras que Jesús dijo en la última cena fueron respaldadas por
la entrega que él realizó por nosotros en la cruz y por su resurrección, de
tal manera que cuando termina el sacerdote las palabras de consagración todos
decimos: “anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”.
– Comunión,
porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de
su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (cf 1 Co 10,16-17).
–Misa.
Esta palabra viene del sustantivo missio, que significa envío, por
lo tanto, hace referencia a que la Eucaristía no sólo es la comunión con Dios,
también es un compromiso a vivir esa comunión fuera de la Iglesia.
Sin embargo, si recordamos que la Eucaristía es ese encuentro que Dios quiere tener con nosotros, tal vez nos podríamos esforzar por comprender mejor lo que sucede en ella para que este encuentro se haga realmente realidad. En seguida comento brevemente las partes de la misa para que las comprendas mejor y las puedas vivir de una manera plena. (Intentaré explicar las partes más trascendentales solamente)
Todos nosotros venimos a misa distraídos, pensando
en lo que veníamos haciendo o discutiendo, o lo que haremos después, traemos
nuestras preocupaciones o nuestras ilusiones. Por eso, al inicio de la misa hay
un momento en silencio, para que nosotros nos dispongamos interiormente a
escuchar la Palabra de Dios y a recibir el Cuerpo de Jesucristo. Así, este es
el momento de pensar en todo lo que hiciste en la semana, bueno y/o malo, de
ponerte humildemente frente a Dios y pedirle perdón por las veces en las que no
supiste responder a su amor.
Este es uno de los dos momentos más intensos de la
misa. En este momento Dios se hace presente, verdaderamente presente para
hablarnos y guiarnos por el camino que Él nos quiere llevar. En este momento se
leen dos lecturas, un salmo y el Evangelio. En cada uno de ellos Dios tiene
algo que decirnos. No es el momento de distraernos sino de poner mucha atención
y tratar de pensar qué me está diciendo Dios a mí en estas lecturas.
El ofertorio es cuando todos se sientan, pasan la
limosna y el padre prepara las ofrendas en el altar. Generalmente aprovechamos
este momento para distraernos, hacer alguno comentario y esperar a que el padre
termine. Sin embargo, este es el momento perfecto para pensar qué le vas a
ofrecer a Dios esta semana. ¿Qué hiciste esta semana que puedas ofrecerle hoy a
Dios? Es el momento de “voltear a ver nuestras manos” y darnos cuenta qué es lo
que traemos como ofrenda para Dios.
IV. La Comunión (Tiempo de CONVIVIR con Nuestro Señor)
Todo el
sentido de la misa llega a su culmen en este momento. Si hemos venido a misa es
porque queremos estar en comunión con Dios, porque queremos vivir con Él y
hacer su voluntad. Bueno, pues la comunión es el signo más claro y real de esta
comunión que nosotros anhelamos. De mucho nos perdemos si asistimos a misa y no
comulgamos; es como si prepararas una cena para convivir con tus amigos, pero
ya que llegan les dejas todo preparado y tu te vas.
Un pecado mortal lo cometemos cuando de manera libre y consciente hacemos algo que sabemos nos separará del amor de Dios, y aún así lo hacemos. Siempre y cuando no hayas cometido algún pecado de estos puedes comulgar todas las veces que quieras.
"Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros" (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia (cf LG 48): en su Palabra, en la oración de su Iglesia, "allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre" (Mt 18,20), en los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31-46), en los sacramentos de los que él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, "sobre todo, (está presente) bajo las especies eucarísticas" (SC 7).
El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos. En el santísimo sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente" el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero. "Esta presencia se denomina `real', no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen `reales', sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente" (MF 39). (Catecismo n. 1373 y 1374).
En el Catecismo leemos esto: “La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto: ‘(Cristo), nuestro Dios y Señor, se ofreció a Dios Padre una vez por todas, muriendo como intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de realizar para ellos (los hombres) una redención eterna. Sin embargo, como su muerte no debía poner fin a su sacerdocio (Hb 7,24.27), en la última Cena, "la noche en que fue entregado" (1 Co 11,23), quiso dejar a la Iglesia, su esposa amada, un sacrificio visible (como lo reclama la naturaleza humana), donde sería representado el sacrificio sangriento que iba a realizarse una única vez en la cruz cuya memoria se perpetuaría hasta el fin de los siglos (1 Co 11,23) y cuya virtud saludable se aplicaría a la redención de los pecados que cometemos cada día” (Cc. de Trento: DS 1740). (Catecismo n. 1366)
El catecismo nos dice al respecto: “Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales, esta manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más habitual en el rito latino. "La comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies. Ya que en esa forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico" (IGMR 240). Es la forma habitual de comulgar en los ritos orientales.” (n. 1390).
Por tu
Pueblo,
Héctor M. Pérez V., Pbro.
Junio 2001.