¿POR QUÉ UN JUBILEO?


Deber de santificar el tiempo
En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvación, que tiene su culmen en la « plenitud de los tiempos » de la Encarnación y su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos. De esta relación de Dios con el tiempo nace el deber de santificarlo. (TM 10) Desde esta perspectiva se hace comprensible el uso de los jubileos, que comenzó en el Antiguo Testamento y continúa en la historia de la Iglesia. (TM 11) Algunos elementos para proclamar un Jubileo
Junto a los jubileos que recuerdan el misterio de la Encarnación, el cumplimiento de los cien, los cincuenta o los veinticinco años, existen también aquellos que conmemoran la obra de la Redención: la cruz de Cristo, su muerte sobre el Gólgota y su resurrección. La Iglesia, en estas circunstancias, proclama « un año de gracia del Señor » y se afana para que todos los fieles puedan gozar más ampliamente de esta gracia. (TM 14) Jubileo por los dos mil años del nacimiento de Cristo
Bajo este aspecto, los dos mil años del nacimiento de Cristo -prescindiendo de la exactitud del cálculo cronológico- representan un Jubileo extraordinariamente grande no sólo para los cristianos, sino indirectamente para toda la humanidad, dado el papel primordial que el cristianismo ha jugado en estos dos milenios. (TM 15) Algunas objeciones a las fechas
Para quienes objeten que la datación del nacimiento de Cristo no es exacta, que esta señalación proviene de los cálculos equivocados de Dionisio el Exiguo (el Pequeño), apelativo que se dio por humildad. Vivió en la primera mitad del siglo VI y se dice que se equivocó por unos cuatro o seis años. O Para quienes digan que en realidad el siglo termina al finalizar el año 2000 y que sólo el 2001 inicia el tercer milenio. Podemos decir lo siguiente: Respecto a lo primero, el Papa Juan Pablo II decía ya en su encíclica Redemptor hominis: "Está ya muy cerca el año dos mil... aquel año será el año de un gran Jubileo. Nos estamos acercando ya a la fecha que -aún respetando todas las correcciones debidas a la exactitud cronológica- nos hará recordar y renovar de manera particular la conciencia de la verdadera clave de la fe, expresada por San Juan al principio de su evangelio: 'Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros' ". Respecto a lo segundo, aun siendo verdad, el jubileo no celebra el inicio del Tercer Milenio, sino los dos mil años del nacimiento de Cristo.
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