¿PARA QUÉ UN JUBILEO?
Alabanza y Acción de Gracias
El Jubileo del Año 2000 quiere ser una gran plegaria de alabanza y de acción de gracias
sobre todo por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención realizada por
El. "Nunca como ahora sentimos el deber de hacer propio el canto de alabanza y
acción de gracias del Apóstol: 'Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los
cielos, en Cristo". (IM 1)
Conversión y Penitencia
El Año Santo es por su naturaleza un momento de llamada a la conversión. Que en este
año jubilar nadie quiera excluirse del abrazo del Padre. Que nadie se comporte como el
hermano mayor de la parábola evangélica que se niega a entrar en casa para hacer fiesta
(cf. «Lc» 25, 25-30). Que la alegría del perdón sea más grande profunda que cualquier
resentimiento. (IM 11)
Unidad de los Cristianos (Ecumenismo)
Que el carácter ecuménico del Jubileo sea un signo concreto del camino que, sobre todo
en estos últimos decenios, están realizando los fieles de las diversas Iglesias y
Comunidades eclesiales. El Apóstol no cesa de repetir incluso para nosotros, hoy, su
apremiante exhortación: «Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a
que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y
Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos» («Ef» 4, 4-6).
Acudamos todos, desde las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales diseminadas por el
mundo, a la fiesta que se prepara; llevemos con nosotros lo que ya nos une y la mirada
puesta sólo en Cristo nos permita crecer en la unidad que es fruto del Espíritu. (IM 4)
En esta última etapa del milenio, la Iglesia debe dirigirse con una súplica más sentida
al Espíritu Santo implorando de El la gracia de la unidad de los cristianos. Es este un
problema crucial para el testimonio evangélico en el mundo. (TM 34)