MARIA


   9. La alegría jubilar no sería completa si la mirada no se dirigiese a aquélla que, obedeciendo totalmente 
al Padre, engendró para nosotros en la carne al Hijo de Dios. En Belén a María «se le cumplieron los días 
del alumbramiento» («Lc» 2, 6), y llena del Espíritu Santo dio a luz al Primogénito de la nueva creación. 
Mujer del silencio y de la escucha, dócil en las manos del Padre, la Virgen María es invocada por todas 
las generaciones como «dichosa», porque supo reconocer las maravillas que el Espíritu Santo realizó en ella. 

   Nunca se cansarán los pueblos de invocar a la Madre de la misericordia, bajo cuya protección encontrarán 
siempre refugio. (IM 14)