+
No es
una fórmula mágica
+
No es
una cosa
+
No es
una idea
+
No es
una frase bonita
Dios es alguien, no algo.
Es una persona que nos ama y espera nuestra respuesta a su Amor.
¿En Dónde
encontramos
a Dios?
v
En la
creación
v
En los
demás, especialmente en los pobres.
v
En los
Sacramentos
v
En
nuestro corazón
v
En los
acontecimientos positivos y negativos
¿Por qué
nos “vigila” Dios?
Dios no es un ogro, un
juez que castiga y condena, que siempre te está vigilando para ver en que te equivocas.
DIOS NOS AMA GRATUITA-MENTE, NO POR QUE
NOS LO MEREZCAMOS SINO POR QUE EL ES EL AMOR Y NOS ACEPTA COMO SOMOS.
Si te pide que cambies
es por que desea lo mejor para ti y no porque sea condición para que te ame.
¿Cómo
ofendemos a Dios?
Dios es perfecto y siempre nos ama. Pero nosotros a veces fallamos en responder a este amor. A estas fallas le llamamos Pecado.
El pecado es decir NO
al Dios que nos ama; al prójimo, a quien debemos amar; al bien que podemos
hacer y no hacemos.
El pecado no es
contradecir una ley fría, un código establecido. Es, ante todo, oponerse
libremente a Alguien, a una persona y esa persona es Dios. A él se le puede
ofender en sí mismo o a través de cualquier hijo de él.
Lo más importante es
que el pecado nos afecta a nosotros mismos, por que nos daña nuestro interior
(incapacitándonos para amar); daña nuestra relación con los demás; y daña
nuestra capacidad de vivir eternamente como hijos de Dios.
El pecado nos hace menos humanos, pues es la oposición de lo que somos. Este nos provoca placer pero nunca nos dará la felicidad y la reali-zación plena que buscamos.
¿Cómo
reconciliarnos?
La mejor medicina contra el pecado es la CONVERSION, cambiar nuestra manera de pensar y actuar. En lugar de odio, amor; en lugar de venganza, perdón; en lugar de egoísmo, generosidad; en lugar de burla e indiferencia, respeto y solidaridad.
Esta conversión ha de
ser interna y externa.
Interna: un arrepentimiento sincero reconociendo lo
que hicimos mal.
Externa: aquí cabe la confesión de los pecados en el
SACRAMENTO DE LA RECONCILIACION y la restitución del daño provocado.
¿Cuándo es
necesaria la confesión?
No todo pecado exige
la confesión con un sacerdote. Hay diferentes tipos de pecado. En seguida
ponemos un ejemplo que nos ayude a explicar esto:
Así como hay
diferentes tipos de heridas; por ejemplo, no es lo mismo rasparte la rodilla
que quebrarte el pie. Con la raspadura si puedes seguir caminando y no
necesitas de un médico; en cambio cuando te rompes un pie no puedes caminar más
y necesitas ver un doctor.
Pues imagínate que el
caminar es igual que el amar. Así, hay pecados que te dejan seguir amando (se
llaman pecados veniales) y hay pecados que te hacen imposible que sigas amando
a los demás (éstos se llaman pecados mortales).
No te daremos una
lista de ellos pues nuestra vida es mucho más complicada que una receta; pero
sí te daremos algunas pistas que te sirvan para tu examen de conciencia.
v Si Dios no está siendo importante en
tus actividades diarias; de tal manera que aunque le rezas no le tomas en
cuenta en tus decisiones, acciones o descansos...
v Si las relaciones con tus papás,
hermanos, amigos, novia, etc. Tienen el objetivo sólo del placer, la pereza, o
el egoísmo, o la envidia y no te importa esforzarte para que sean felices
aunque tengas que renunciar a algunas cosas...
v Si tus responsabilidades no las
estás cumpliendo:
ü Contigo mismo como darte a respetar,
aceptarte como eres, etc
ü Con tus papás, como obedecerlos, cuidar
de ellos, estudiar, ayudarles, amarlos, etc
ü Con tus amigas (os), como la sinceridad, el respeto a su persona, la ayuda desin-teresada, el no criticarlas (os), etc.
Si has sido capaz de
ver el sufrimiento del que está necesitado y no hacer nada por cambiar su
situación...
Si crees que
cualquiera de las situaciones descritas anteriormente se te pueden aplicar,
¡cuidado! Esto quiere decir que tu capacidad para amar está herida. Lo que
tienes que hacer es un examen de
conciencia donde reconozcas que estás haciendo mal, pedirle perdón a
Dios y rezar un Padre Nuestro o un Yo Confieso. Ya con esto podrás comulgar,
aunque después cuando te confieses pidas perdón por estas faltas.
Ahora, si algo de esto
lo estás haciendo consciente de que está mal, pero que por flojera, envidia,
egoísmo, o por que quieres seguir viviendo con esa situación, no lo quieres
cambiar, entonces quiere decir que tu corazón está “quebrado”, es decir,
incapacitado para amar.
Si es así, acércate
con Dios, haz un examen de conciencia donde reconozcas que estás mal, pídele
perdón y ve con un sacerdote para confesar
tus pecados. Sólo entonces podrás comulgar.
“Es cierto hermanos que han sido llamados a la
libertad. Pero no tomen la libertad como pretexto para satisfacer sus apetitos desordenados;
antes bien, háganse esclavos los unos de los otros por amor”. (Gal
6,13)
Monterrey, México
Año Santo 2000