¿ES EL SACERDOCIO UNA PROFESIÓN?
Recuerdo que cuando estaba pensando entrar
al Seminario mi padre me decía: “termina la carrera antes de entrar”, yo estudiaba
mi cuarto semestre de contaduría; y yo le respondía: “papá, contadores, habrá
muchos que puedan ayudarme a llevar las finanzas en la Iglesia, yo quiero ser
sacerdote”. Veinte años después Dios me guió para que estas palabras se
hicieran realidad. Hoy soy sacerdote y muchos despachos de contadores llevan
las cuentas de la Institución donde sirvo.
Traigo esto a colación para abordar el
sentido de la vocación sacerdotal. Hoy en día, pareciera que el sacerdocio es
un “oficio” más dentro del vasto horizonte de carreras profesionales y técnicas
que se ofrecen. El sacerdocio sería así un servicio que algunos hombres prestan
para acompañar a la gente en la vivencia de sus sentimientos religiosos con
orden y paz.
Sin embargo, el sacerdocio no es “un
oficio religioso”, ni “un servicio espiritual”. El sacerdocio significa la
encarnación del amor de Dios por su pueblo, somos sacramento de Cristo que
busca abrazar y amar a todo su Pueblo para que vivan en plenitud. Por eso, la
vida del sacerdote tiene sentido en cuanto es Vida para los demás; en cuanto es
testigo del amor justo y misericordioso de Dios. Así, la caridad es el
principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del
presbítero. Pero no cualquier caridad, sino la Caridad de Cristo que colma al
sacerdote, lo desborda y le permite hacerla vida por Gracia de Dios.
Ver a un sacerdote fallar en el amor…
duele, precisamente porque esa es su esencia: ser signo del amor de Dios. Así
como ver a una madre abandonar a su hijo, repugna; ver a un sacerdote faltar al
amor, entristece. Oremos por los sacerdotes, pues humanos y débiles como son,
Dios los eligió para ser testigos de un Amor que trasciende por mucho su débil
humanidad. Recuerden: los sacerdotes se piden a Dios "de rodillas".
Héctor M. Pérez V., Pbro.